El niño volvió a saltar de gozo en el seno materno ante la decisión de la Corte Suprema de EE. UU

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

“La criatura saltó de gozo en su seno” (Lc 1,41). De acuerdo al evangelio, así reaccionó el bebé Juan Bautista en el vientre de su madre Isabel, cuando la Santísima Virgen María, también embarazada, los visitó en las montañas de Judea. El niño, profeta del Altísimo, fue alcanzado por la gloria de Dios y reaccionó gozoso ante la presencia de María y del Niño Jesús en su vientre.

Como en muchos otros momentos de la historia, ante la gloria de Dios ese niño ha vuelto a saltar de gozo, precisamente el 24 de junio, por la decisión de la Suprema Corte de los Estados Unidos de derogar la sentencia “Roe vs Wade”, anulando así el supuesto derecho al aborto en la Unión americana.

Norma McCorvey, con el pseudónimo Jane Roe, protagonizó el famoso caso llevado por el Tribunal Supremo “Roe versus Wade”. Ella misma reconoció que en 1973 mintió declarando haber quedado embarazada después de haber sido violada por una pandilla, por lo que la ley que desde 1973 ha matado millones de vidas nació de una mentira. Veinte años después se convirtió a la fe y se hizo activista provida.

Esta decisión de la Suprema Corte de los Estados Unidos se ha dado el 24 de junio, día en que este año coincidieron las fiestas de San Juan Bautista y del Sagrado Corazón de Jesús. Si en otras ocasiones hemos sufrido y lamentado tanto que en el marco de las fiestas de la fe se hayan tomado decisiones contra el niño, la vida y la familia burlándose en una especie de parodia demoníaca del designio de Dios-, en esta ocasión vemos la manifestación de Dios en este día bendito.

Allí donde el poder parece descomunal e indestructible, nada se resiste a la bondad de Dios. Donde menos se hubiera pensado, se ha abierto una esperanza para todos los países que han sido arrastrados al relativismo y colonizados culturalmente por la ideología de género.

No se puede minimizar este canto a la vida simplemente porque se trata de una decisión que aplica solo en los Estados Unidos, ya que una conquista de humanidad y de civilización como ésta fortalece la lucha por la vida y la familia y deja un precedente para todos los que vivimos en países donde la oficialidad ha decidido prestar todo el apoyo gubernamental a esta ideología que perjudica a la familia y derrama la sangre de los niños, asesinados en el vientre materno.

Como el bebé Juan Bautista, también los niños concebidos y nuestro pueblo han saltado de gozo. Tantos hermanos, grupos y asociaciones han podido sacudirse, por la gracia de Dios, el desánimo y la tristeza ante la oleada de leyes y políticas públicas que siguen imponiendo esta ideología de muerte y destrucción.
Por supuesto que no se trata en este caso de reaccionar con triunfalismos ni mucho menos bajar la guardia, sino consolidar nuestra lucha y no dejar de abrirnos a la gracia de Dios para que nos sostenga en los momentos más delicados de esta batalla, reconociendo que no luchamos únicamente contra una ideología que tiene sometida a la clase política, sino contra el misterio del mal que tiene muchas ramificaciones.

Como señalan los Obispos de Estados Unidos acerca de este fallo: “La decisión de hoy es también el fruto de las oraciones, los sacrificios y la defensa de innumerables estadounidenses de a pie de todos los ámbitos de la vida. Durante estos largos años, millones de nuestros conciudadanos han colaborado pacíficamente para educar y persuadir a sus vecinos sobre la injusticia del aborto, para ofrecer atención y asesoramiento a las mujeres, y para trabajar en favor de alternativas al aborto, como la adopción, la acogida y las políticas públicas que apoyen verdaderamente a las familias.

Hoy compartimos su alegría y les estamos agradecidos. Su trabajo por la causa de la vida refleja todo lo bueno de nuestra democracia, y el movimiento provida merece figurar entre los grandes movimientos por el cambio social y los derechos civiles de la historia de nuestra nación”.

Se trata de un momento en que tenemos que huir de los triunfalismos y evitar la polarización de la sociedad. Motivados por estos mismos pastores, debemos canalizar nuestros esfuerzos para “curar las heridas y reparar las divisiones sociales; es el momento de la reflexión razonada y del diálogo civil, y de unirse para construir una sociedad y una economía que apoye a los matrimonios y a las familias, y en la que cada mujer tenga el apoyo y los recursos que necesita para traer a su hijo a este mundo con amor”.
Pensando en todas las injusticias que se han cometido con las leyes abortistas que provocan el luto en las familias y la desolación en los corazones, una decisión trascendente como esta debe llevarnos a seguir en oración por los millones de niños abortados a los que se les ha privado del derecho de vivir, así como de ser amados y acogidos en este mundo.

“Nuestros primeros pensamientos están con los pequeños cuyas vidas han sido arrebatadas desde 1973. Lloramos su pérdida y encomendamos sus almas a Dios, que los amó desde antes de todos los tiempos y que los amará por toda la eternidad. Nuestros corazones están también con todas las mujeres y hombres que han sufrido dolorosamente a causa del aborto; rezamos por su curación, y prometemos nuestra compasión y apoyo continuos. Como Iglesia, debemos servir a quienes se enfrentan a embarazos difíciles y rodearlos de amor”.

Norma McCorvey murió en 2017, pero pudo saltar de gozo tan solo con imaginar la llegada de una sentencia como ésta. Así lo percibimos en las palabras que alcanzó a pronunciar: “No veo la hora que llegue el día en que pueda sentirme aliviada del peso de la responsabilidad de este holocausto”.

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