Abrazando el fracaso con todo y balazos.

La edición pasada expliqué con detalle que el presidente de México carece de una estrategia de seguridad y que, por si fuera poco, pareciera que le interesa más proteger a los narcotraficantes que al pueblo mexicano. El día de ayer en su “mañanera” sostuvo que no cambiará su plan de «abrazos, no balazos», que la crítica no le hace “mella” y que no importa lo que pase, su planteamiento no variará.

Entiendo que la crítica le importe poco, al ser un megalómano narcisista, es de esperarse. Lo que sí me provoca profunda indignación y coraje es la indiferencia con la que trata estos asuntos. Apenas esta semana hubo un atentado en contra de dos sacerdotes y la respuesta del máximo jefe de Estado fue la de siempre, escueta y fría, «lo estamos resolviendo; ya no hay impunidad; no somos iguales», pero la realidad es que hay más impunidad que nunca, los criminales actúan con toda tranquilidad, tan es así que los homicidios dolosos en lo que va de su mandato superan a los sexenios que le preceden.

La inseguridad controla las calles en el país, es una realidad, negarlo es tanto ignorante como nefasto, pues no hay estado de la república que no padezca problemas de alta criminalidad. Asesinatos, secuestros y cobros de piso son una constante en todo el país, la población lo percibe y, a pesar de que se lo reclaman a sus gobernantes, la situación sólo empeora cada vez más. Es más que evidente que parte del problema es que no existe ‘mano dura’ del Estado para los delincuentes, pero sí la hay para los contribuyentes.

Por supuesto, me refiero a la inflación que sufre el país (7.88 por ciento), que, si bien es una crisis a nivel mundial, las prácticas locales también contribuyen a que esto sea aún más grave. Lo he denunciado en varias ocasiones, este gobierno ha aumentado la cantidad de impuestos que debemos pagar, todo para sostener programas sociales (electorales), pues parece que es lo único que al mandatario nacional le importa, atraer votantes para mantener a su partido en el poder.

Mientras se entretiene en riñas electoreras y partidistas, mientras desvía la atención hacia las campañas presidenciales, mientras se enfoca en centrar la discusión pública en temas triviales y políticos, los delincuentes hacen de las suyas sin miedo a que les pase algo, pues el mensaje del ejecutivo federal es claro: «abrazos, no balazos». No le importa que la estrategia sea un fracaso, pasó lo mismo con la pandemia, a pesar de los pésimos resultados, a pesar de los cientos de miles de muertos, mantiene el mismo esquema hasta el día de hoy, todo por no querer admitir que se equivocó.

Van 124 mil 395 asesinatos en menos de 4 años, según datos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), pero para el presidente López Obrador esto no es un asunto que requiera de especial atención. No, lo importante es que siga siendo popular y ganar las elecciones del 2024, lo demás, para él, está de más…
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